La fibrilación auricular puede desarrollarse sin ser detectada, en particular a partir de los 55 años de edad, en asociación con otros factores de riesgo, como por ejemplo hipertensión arterial, diabetes, angina de pecho y extrasistolias perceptibles. Estos pacientes en particular deben medirse de manera permanente. Infórmese mejor sobre las indicaciones especiales aquí.

Extrasistolias Hipertensión arterial Fibrilación auricular Infarto de miocardio Accidente cerebrovascular Diabetes Menopausia A partir de los 55 años / Familiar

Extrasistolias

Extrasistolias: desde inofensivas hasta graves

Pocas extrasistolias irregulares, que muchos afectados perciben como un galope, son principalmente inofensivas y, por lo general, no requieren una consulta con el médico. La consulta con el médico es, no obstante, necesaria cuando aparecen las extrasistolias a lo largo de minutos o de horas, cuando las extrasistolias aparecen concurrentemente con otras afecciones importantes, como por ejemplo mareos, alteraciones de la consciencia o dificultad respiratoria. También es imprescindible la consulta si ya se ha detectado una enfermedad cardiaca y las extrasistolias aparecen como un signo nuevo. Los estudios clínicos han demostrado que las personas con extrasistolias tienen un riesgo más elevado de desarrollar fibrilación auricular.

Hipertensión

La hipertensión y las alteraciones del ritmo cardiaco: dos compañeros de viaje

La hipertensión arterial es con diferencia el factor de riesgo más importante para el desarrollo de las alteraciones del ritmo cardiaco. Existe una relación directa entre la elevación de la presión sanguínea y la probabilidad de contraer fibrilación auricular. La sobrecarga prolongada de presión en el corazón da lugar al aumento de la masa muscular cardiaca (hipertrofia). Con ello, el tejido cardiaco deja de ser irrigado de manera óptima y las células del músculo cardiaco mueren imperceptiblemente. Estas son reemplazadas por células de tejido conectivo, las cuales no son conductoras y no transmiten la «electricidad cardiaca» regularmente, con lo cual se favorece el desarrollo de alteraciones del ritmo cardiaco.

Fibrilación auricular

Fibrilación auricular: reconocer cuándo aparece

¿Le han diagnosticado fibrilación auricular o alguna otra arritmia y le han prescrito un tratamiento? Por lo general, este se basa en dos pilares. Por un lado, debe «adelgazarse» la sangre de manera prolongada (mediante lo que se conoce como anticoagulantes) para evitar la formación de coágulos sanguíneos (trombos) y, de este modo, minimizar el riesgo de accidente cerebrovascular. Por otro lado, se intenta normalizar el ritmo cardiaco mediante un tratamiento medicamentoso (conocido como antiarrítmico) o electrofisiológicamente.

Estas formas de tratamientos estabilizadores del ritmo no suelen tener efecto a largo plazo. Es importante reconocer de manera responsable a través del autocontrol si aparecen alteraciones del ritmo o no, y cuándo. De este modo, su médico puede prescribir el tratamiento óptimo.

Después de un infarto de miocardio

Alteraciones del ritmo cardiaco como consecuencia de un infarto

Tener un infarto de miocardio es una de las experiencias vitales más impactantes. Una vez sufrido, hay que hacer todo lo posible para que nunca se repita un evento similar. El infarto lesiona parcialmente los tejidos cardiacos, las células del músculo cardiaco mueren y son sustituidas por cicatrices rígidas y células de tejido conjuntivo. Estas no son conductoras y alteran la «electricidad del corazón», con lo que contribuyen a la aparición de alteraciones del ritmo cardiaco. Estas alteraciones son muy habituales después de un infarto, sobre todo como secuelas tardías. Hasta un quinto de los pacientes con infarto desarrollan fibrilación auricular.

Después de un accidente cerebrovascular

Después de un accidente cerebrovascular: restringir todos los riesgos

Tener un accidente cerebrovascular es una de las experiencias vitales más impactantes. Una vez sufrido, hay que hacer todo lo posible para que nunca se repita un evento similar. Se debe procurar minimizar todos los factores de riesgo y, ante todo, el paciente debe autocontrolarse con responsabilidad.

Uno de los principales riesgos para un segundo accidente cerebrovascular podría presentarse si apareciera una fibrilación auricular (hasta el momento no tratada) o, en caso de fibrilación auricular existente, si remitiera el efecto del tratamiento instituido para estabilizar el ritmo.

Diabetes

En caso de diabetes deben vigilarse los posibles trastornos del ritmo cardiaco

El riesgo de desarrollar fibrilación auricular y alteraciones del ritmo cardiaco es dos a cuatro veces más alto entre los diabéticos que entre las personas con metabolismo normal. Con la diabetes aparece un riesgo significativamente más elevado de accidente cerebrovascular, tal y como se ha demostrado en muchos estudios. En particular en el caso de pacientes diabéticos jóvenes, están especialmente indicados el ECG periódico y los controles del ritmo cardiaco, para poder instituir la profilaxis del accidente cerebrovascular en caso de aparición de una fibrilación auricular.

Pero precisamente por sus características, la fibrilación auricular incipiente y esporádica a menudo no puede detectarse justo en el momento en que se realiza el ECG estándar en el consultorio médico.

Menopausia

En la menopausia: tranquilidad ante las extrasistolias

Con los cambios hormonales propios de la menopausia a menudo no solo aparecen los sofocos y las sudoraciones repentinas, sino que también pueden ser más perceptibles las irregularidades del pulso cardiaco. En estudios clínicos con mujeres, no se ha determinado claramente el riesgo cardiaco y circulatorio en la perimenopausia y la menopausia, ni la influencia del tratamiento hormonal sobre estas etapas. Independientemente de ello, las extrasistolias y las palpitaciones no son síntomas concomitantes raros del equilibrio hormonal alterado. La incertidumbre respecto de si estas alteraciones del ritmo son inofensivas o graves es una consecuencia desagradable.

A partir de los 55 años de edad / Familia

Procurar una tercera edad saludable a largo plazo

Piense en usted, pero piense también en sus familiares. El riesgo de fibrilación auricular se duplica a partir de los 55 años de edad con cada década que pasa, y hasta el 10 % de las personas de 80 años de edad tienen la afección. Con la edad también aumenta el riesgo de complicaciones de la fibrilación auricular; entre las personas de 80 años, el riesgo de accidente cerebrovascular se quintuplica (en comparación con las personas menores de 60 años).
Independientemente de ello, las extrasistolias y las palpitaciones no son una manifestación rara del equilibrio hormonal alterado. La incertidumbre respecto de si estas alteraciones del ritmo son inofensivas o graves es una consecuencia desagradable.